Palermo es la capital de Sicilia. Una ciudad preciosa, gracias a su riqueza cultural. Visita obligada a las catacumbas de los Capuchinos, o al precioso palacio Normando. Un clima agradable, sureño. Se dice que los palermitani viven ligeramente al margen de la sociedad italiana.
Pero, además de todo esto, Palermo, este año, era la capital del fútbol en el país transalpino. La capital de la ilusión, de creer firmemente ser capaces de lograr algo importante.
El equipo comenzó de una manera espectacular. Guidolin siempre ha sido... digamos, cauteloso en sus planteamientos. Pero este Palermo encontró una fluidez para nada esperada. Corini, parecía recuperar su mejor nivel (ese nivel del Chievo), y era ayudado en medio campo con un Diana reconvertido y un Fabio Simplicio que ofrecía su mejor versión. Bresciano estaba en un momento espectacular, un llegador nato. Quizás ahí encontremos la primera clave del cambio. ¿Guidolin empezó a tener miedo? Probablemente, si no, es complicado explicar el gran protagonismo de Guana (Un buen mediocentro defensivo, no lo dudo), a partir del partido frente al Inter en el Renzo Barbera. Sí, creo que sin querer cambió el estilo, y, por extensión, el rumbo.
Parece, además, como si en defensa las cosas no fueran tan bien. Y es difícil de explicar: Dos porteros de garantías; el primero, el veteranísimo Fontana, que vive una segunda juventud, y el excelente Agliardi, que está jugando poco, pero en cualquier -quitemos Livorno, Fiore, y alguno más- equipo de Serie A, sería, probablemente, el titular.
El Palermo cuenta, además, con un excelente central, Andrea Barzagli. Barzagli es uno de los mejores centrales italianos. Elegante, seguro en el corte y con mucha personalidad. Pero no es lo único interesante que hay en la defensa, dos laterales de buen nivel, como Zaccardo y Pisano, y un joven central, internacional sub 21, que será la alternativa de Biava: Dellafiore. Un chico de sangre argentina y temple italiano.
En resumen, una defensa interesantísima, por lo que me viene a la mente una máxima del fútbol, perder el balón, hace daño, y mucho, a tu sistema defensivo.
Esa es una clave, probablemente. La otra, se llama Amaurí. ¿Un delantero que no servía en el Chievo, puede convertirse en pieza fundamental de un Palermo, que parecía luchar por el título? La respuesta es sí. Y es que él brasileño jugó 18 partidos antes de lesionarse. Y a un nivel espectacular, siendo la verdadera referencia en ataque, levantando partidos y dando puntos. El y Di Michele formaban una de las parejas de moda dentro del fútbol europeo. Pero, se fue Amaurí, y también Di Michele, que ha bajado bastante el nivel. Matusiak y Brienza son dos versiones de los primeros... dos versiones descafeinadas que no acaban de convencer, a pesar de la tremenda calidad del segundo. Caracciolo es otro jugador que ha tenido minutos, no exento de calidad, pero parece la eterna promesa, no cumple cuando se le necesita. ¿Y en la recamara? El uruguayo Cavani, recién llegado del sudamericano sub20, donde fue el máximo goleador. Gran rematador, y nada torpe a pesar de su 1'84. Jugador a seguir, sin duda.
Una plantilla amplia y de calidad, que, bien analizada, no sorprende en cuanto a clasificación. Sin embargo, un cambio de estilo está dando al traste con las aspiraciones del equipo. Una esperanza a vuelto a surgir, tras la fantástica primera parte del equipo en San Siro. Veremos que ocurre, la UEFA está cerca, pero la Champions (algo que parecía imposible en diciembre), se escapa, como arena entre los dedos...
viernes, 20 de abril de 2007
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