Y el campeón es el Inter. Sí, aquel equipo que le quitó al Barça el mundialito. Sí, el de Pato. Alexandre Pato es, probablemente, la más firme promesa del fútbol brasileño. Es de esos jugadores especiales. Hábil, como buen brasileño que ha crecido con un balón en los pies, buen cabeceador, rápido y oportunista. Pero diferente, sobre todo diferente. Una perla, de las de verdad. Una perla que este año no pisará Bomboneras, ni Monumentales.
Porque hoy había una tarea difícil, casi imposible: Hacerle tres goles a Nacional. En Beira-Río las esperanzas se esfumaron cuando el ábitro señaló el final de los primeros 45 minutos. Un equipo bien plantado atrás, incansable en el trabajo y con Martínez al acecho, era mucho para un Inter que, no olvidemos, le faltan dos puntos importantes: Eller y Luiz Adriano.
Asi que ante tan costosa tarea, los aficionados colorados miraban con el rabillo del ojo al José Amalfitani, donde Vélez no podía con Emelec. Estando así las cosas, un simple gol podría dar el pase, y evitar la catástofre. Pero resulta que no solo hay Patos... esto... promesas en Brasil. Promesas con desparpajo, con viveza y con definición. Y hay una por pulir en el equipo que dirige el ex-técnico xeneize Ricardo La Volpe. Un zurdo no demasiado fuerte, no demasiado trabajador. Un zurdo inteligente, hábil, técnico, rápido, y con hambre, mucha hambre: Escudero. Balón interior de Pellerano, en uno de esos despistes donde todos miran, y un argentino hace. Donde no hay fútbol, pero hay jugada. Una falta donde Emelec "formaba" una barrera, se convirtió en una puñalada trapera, que no dolió a ecuatorianos, si no a brasileños.
Balón interior, caño, y definición perfecta de la perla de Vélez. (Con permiso de Zárate)
Así las cosas marcaría el Inter, a falta de 10 minutos y sin opciones. Bueno, la misma de antes, la de mirar hacia Argentina y esperar a que Emelec empatase el partido. Pero, obviamente, eso no ocurrió. No. Vélez no se dejó apuñalar. Ni siquiera le hizo falta perder tiempo. Un equipo argentino en esa situación pega. Sí. Pega. Y el tiempo lo pierde el rival. A replegarse toca. Final.
El campeón, a casa. Esta vez ganaron los argentinos.
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